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El equilibrio de la Microbiota en pacientes con AutismoEl equilibrio de la Microbiota en pacientes con Autismo

SADM #86 Sep/Oct 2019

Sari Arponen, PhD., Universidad Complutense de Madrid, Hospital Universitario de Torrejón

El importante papel del equilibrio de la microbiota en los pacientes con autismo.

El eje intestino-cerebro, que está hoy en día en la primera línea de la investigación médica internacional, tiene un rol relevante en los trastornos de conducta y de neurodesarrollo, ya que los problemas intestinales forman parte, en ocasiones, del cuadro clínico de las personas con TEA (Trastornos del Espectro Autista).

Sentir mariposas en el estómago o un nudo en la garganta. Que los nervios nos jueguen una mala pasada y conviertan en urgente la necesidad de ir al baño, o que nos quiten el hambre. Que la ansiedad nos lleve a comer más veces y en mayor cantidad. Son muchos los ejemplos cotidianos en los que las personas experimentamos la relación que existe, entre lo que sentimos y nuestro estado intestinal.

Un concepto que en medicina tiene un nombre: el eje intestino-cerebro.

Desde hace algunos años, es frecuente escuchar que en nuestras ‘tripas’ tenemos un segundo cerebro, tan importante como el primero porque interactúa con este y porque es responsable de procesos que afectan a nuestro estado de bienestar general. La comunicación entre ambos es un ámbito de investigación que está fascinando a la medicina moderna y que puede tener la llave de algunas patologías que afectan a un elevado número de personas en el mundo.

La doctora Sari Arponen, especialista en Medicina Interna y experta en Microbioterapia, explica que en esta relación entre intestino y cerebro el papel de la microbiota es “fundamental”. Asegura que la comunicación que se establece es “compleja” y que en ella intervienen las sustancias que producen las bacterias que habitan en nuestro intestino.

La investigación actual se centra en saber, hasta qué punto el eje intestino-cerebro tiene responsabilidades en el desarrollo de determinadas patologías y ya hay muchas evidencias científicas neuropsiquiátricas, como la depresión y la ansiedad o trastornos como el autismo.

Los síntomas digestivos de las personas con TEA

“Hay varios estudios que indican que los niños con TEA tienen desequilibrada la composición de sus bacterias intestinales”, afirma Arponen.

La importancia de la relación entre las bacterias y el autismo tiene un ‘hilo conductor’, el eje intestino-cerebro, a través del que se establece la comunicación bidireccional entre ambos órganos vitales.

Además, hay algunas cuestiones propias de este trastorno que marcan y diferencian la microbiota de los niños que lo tienen, frente a los que son neurotípicos. Por ejemplo, son más propensos a sufrir otitis y por tanto, toman más antibióticos, “lo que finalmente agrede su microbiota”. “También hay estudios que han indicado que el hongo Candida albicans es hasta dos veces más abundante en los niños con TEA, lo que puede generar producción de amonio y otros tóxicos”.

La alimentación y los probióticos, dos grandes aliados

La doctora opina que la alimentación es muy importante para corregir la disbiosis intestinal que suelen presentar estos pacientes “y que pueden empeorar sus alteraciones neuroconductuales, así como sus síntomas digestivos”. “Una alimentación antiinflamatoria y prebiótica, evitando alimentos ultraprocesados disbióticos, es muy conveniente”, sugiere Arponen.

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