Autora: Yasmin Rubio-Palis

El 25 de abril fue decretado como el Día Mundial de la Malaria en mayo de 2007 durante la Sexagésima Asamblea Mundial de la Salud, el órgano decisorio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) con la participación de los Estados Miembros, a fin enfatizar la necesidad de inversión y compromiso político para la prevención, control y eventualmente, la eliminación de la malaria en zonas endémicas.

El lema de 2026, “Impulsados a poner fin a la malaria: ahora podemos, ahora debemos”, refleja una realidad científica concreta. Hoy existen herramientas, conocimientos y experiencias suficientes para eliminar la malaria.

Un panorama global: avances históricos, pero con señales de alerta
La lucha contra la malaria ha generado resultados extraordinarios. La OMS[1] ha estimado que se han evitado aproximadamente 2.2 billones de casos y 12.7 millones de muertes a nivel mundial en los últimos 25 años. Sin embargo, el progreso se ha desacelerado; en 2024 se registraron cerca de 282 millones de casos y 610.000 muertes [2]. La enfermedad sigue concentrada en África subsahariana y enfrenta retos como resistencia a tratamientos y limitaciones de financiamiento. Aun así, la OMS ha certificado la eliminación de malaria en 47 países a nivel mundial, incluyendo varios países de la Región: Argentina (2018), Paraguay (2018), El Salvador (2019), Belize (2021) y Surinam (2025) [2].

Venezuela: una historia que demuestra que sí es posible
Durante la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935), Venezuela era el país con el mayor número de casos de malaria en la Región; entre 1910 y 1935, la tasa de mortalidad por malaria era superior a 500 x 100.000 habitantes, y el país reportaba un decrecimiento poblacional (tasa de mortalidad > tasa de natalidad)[3]. A la muerte del dictador, el presidente Eleazar López Contreras promulga por decreto del 1ᵒ de marzo de 1936 la creación del Ministerio de Salud y Asistencia Social, siendo su primer Ministro el destacado médico-investigador Dr. Enrique Tejera Guevara. El 16 de junio del mismo año se promulga la Ley Contra el Paludismo, y el 27 de julio se crea la División de Malariología bajo la dirección del Dr. Arnoldo Gabaldon. En pocos meses se dieron pasos transcendentales que condujeron a proporcionar major calidad de vida para los venezolanos. El Dr. Gabaldon junto a su equipo de expertos, diseñaron e implementaron el programa de erradicación de la malaria, contando con los recursos necesarios para la investigación, formación de recursos humanos, vigilancia epidemiológica y entomológica, difusión del conocimiento y aplicación de intervenciones (tratamiento de pacientes y control de mosquitos vectores) que alcanzó el éxito y merecido reconocimiento internacional siendo Venezuela el primer país certificado por la OMS con la mayor extensión (461.289 Km2) libre de malaria en 1961 [4].

Del éxito al retroceso
Las actividades de erradicación se mantuvieron hasta los años 70, durante las siguientes tres décadas la Dirección de Endemias Rurales se dedicó al mantenimiento de algunas actividades de control, que resultaron insuficientes para detener el incremento de la casuística, que aumento de 3.901 casos en 1980 a 30.000 en 1999 [5]. Entre el año 2000 y 2020 se evidencia un periodo de creciente inactividad en las actividades de prevención y control de la malaria, resultando en la mayor epidemia de malaria registrada en la Region de las Américas. Venezuela reporto 35.500 casos en 2000, incrementando a 483.000 casos en 2017, evidenciando el impacto de la apertura del arco minero del Orinoco (2016) [6]. Para el año 2020 la casuística bajo a 223.000 casos, y para 2022 se reportaron 154.000 casos. Esta disminución en la casuística ha sido atribuida a diversos factores tales como a la reducción de la movilidad de la población por las restricciones durante la pandemia del COVID, escasez de gasolina y cortes de energía eléctrica [7].

A partir de 2021, gracias al financiamiento del Fondo Global, se implementó el incremento en el diagnóstico y tratamiento, creándose una red para llegar a las poblaciones de difícil acceso en zonas mineras y poblaciones indígenas, resultando en una disminución significativa del número de casos a 86.361 en 2024 [2].

Se considera que las principales causas del deterioro de la situación de malaria en Venezuela en los últimos 30 años son atribuibles a la falta de inversión, migración masiva de la población a zonas de minería ilegal, apertura de arco minero del Orinoco, falta de tratamiento antimalárico de primera línea, pérdida progresiva de recursos humanos bien entrenados, deterioro progresivo de equipos e infraestructura, así como problemas técnicos y administrativos que impiden la selección e implementación de intervenciones costo-efectiva, y particularmente a la falta de voluntad política.

Hacia una nueva estrategia de eliminación

El análisis de las lecciones aprendidas del pasado y la situación actual de Venezuela requiere de una profunda reflexión y evaluación de las herramientas y conocimientos científicos disponibles a fin de recomendar acciones futuras a corto, mediano y largo plazo que contribuyan a alcanzar la meta final de eliminar la transmisión de malaria del territorio nacional.

Recientemente, la Organización Panamericana de la Salud dio a conocer el “Plan de acción para la eliminación la malaria en las Americas 2026-2030 [8]. El plan, en resumen, contempla la expansión del diagnóstico y tratamiento, la vigilancia epidemiológica y la prevención (quimio prevención y control de vectores), para lo cual se requiere contar con el financiamiento, alianzas con otras instituciones y gobernanza. Este plan pone énfasis en la movilización social como eje transversal para ejecutar estas acciones.

Estos lineamientos son básicos y necesarios; sin embargo, para diseñar e implementar un programa efectivo es fundamental, considerar la realidad del país donde profundos cambios sociales, culturales y ecológicos han ocurrido y siguen en curso. Estos cambios ameritan proponer un enfoque diferente al problema de salud, siendo fundamental manejar el concepto de EcoSalud que implica el pensamiento sistémico, la transdisciplinariedad, la participación de múltiples actores/instituciones, sustentabilidad, equidad y generación de conocimientos para la acción [9]. La malaria es el resultado de la interacción de factores (ambientes) biofísicos, socioculturales y económicos. La comprensión de estos ambientes permite implementar acciones sustentables que incidan en cambios en las políticas públicas y el comportamiento de las poblaciones. Ambiente sano= hombre sano.

Conclusión
El mundo ha demostrado que es posible eliminar la malaria. Venezuela también lo logró hace 60 años. El desafío actual es convertir el conocimiento en acción sostenida.

 

Referencias

[1] World malaria report 2024: addressing inequity in the global malaria response. Geneva: World Health Organization; 2024/

[2] World malaria report 2025: addressing the threat of antimalarial drug resistance. Geneva: World Health Organization; 2025.

[3] Briceño-León R. Arnoldo Gabaldon. Biblioteca Biografía Venezolana. Vol.130. Caracas: C.A. Editora El Nacional. 2010; 67p.

[4] Gabaldon A. The first large área in a tropical zone to report malaria erradication: north-central Venezuela. Am J Trop Med Hyg. 1954; 3:793-807.

[5] Boletines epidemiológicos. Dirección de Endemias Rurales, Maracay. 1970- 1999.

[6] World malaria report 2018. Geneva: World Health Organization; 2018.

[7] World malaria report 2023. Geneva: World Health Organization; 2023.

[8] Pan American Health Organization. Webinar on the Plan of Action for Malaria Elimination in the Americas 2026–2030. Abril 20, 2026.

[9] Charron DF. Ecosystem approaches to health for a global sustainability agenda. EcoHealth. 2012; 9(3): 256-266.