Hoy Venezuela ha sentido el estremecimiento de la tierra, pero también el de miles de corazones. Después de un evento como un terremoto es normal sentir miedo, angustia, incertidumbre e incluso permanecer en estado de alerta. No significa debilidad; significa que somos humanos.

Quiero decirles, con todo mi cariño, que no repriman lo que sienten. Hablen con sus seres queridos, abracen a quienes tienen cerca, lloren si lo necesitan y permitan que el corazón encuentre un espacio para expresar lo vivido. El dolor compartido pesa un poco menos.

Si están lejos de sus familiares, una llamada, un mensaje o una oración pueden convertirse en un puente de esperanza. En estos momentos descubrimos que la solidaridad también sostiene cuando el suelo parece inseguro.

Cuiden especialmente a los niños y a los adultos mayores. Ellos necesitan mirar en nuestros ojos serenidad, escuchar palabras de calma y sentir que no están solos. A veces, una voz tranquila es el mejor refugio.

Recordemos que las comunidades se reconstruyen no solo levantando paredes, sino también fortaleciendo el espíritu. La empatía, la ayuda mutua y la fe son fuerzas que permiten volver a comenzar.

A mi querida gente de Venezuela: reciban un abrazo que cruza la distancia. Mi pensamiento y mis oraciones están con ustedes. Que la esperanza sea más fuerte que el miedo y que, paso a paso, puedan recuperar la calma.

Con afecto,
Luz Marina Palacios.
Venezolana
Educadora e investigadora del bienestar emocional.