Las altas temperaturas que afectan actualmente a buena parte de Estados Unidos han llevado a los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) a reiterar un mensaje que puede salvar vidas: el calor extremo no es solo una molestia del verano, sino un problema de salud pública que puede provocar enfermedades graves e incluso la muerte si no se toman las precauciones adecuadas.
Cada año, miles de personas requieren atención médica por enfermedades relacionadas con el calor. Aunque cualquiera puede verse afectado, los adultos mayores, los niños pequeños, las mujeres embarazadas, las personas con enfermedades crónicas y quienes trabajan o realizan actividad física al aire libre enfrentan un riesgo mucho mayor.
El organismo humano mantiene normalmente una temperatura cercana a los 37 grados centígrados gracias a mecanismos como la sudoración y el aumento del flujo sanguíneo hacia la piel. Sin embargo, cuando las temperaturas son muy elevadas y la humedad dificulta la evaporación del sudor, el cuerpo pierde su capacidad para enfriarse de manera eficiente. En ese momento pueden comenzar a aparecer los primeros síntomas: sed intensa, fatiga, mareos, dolor de cabeza, debilidad y calambres musculares.
Si la exposición al calor continúa, puede desarrollarse agotamiento por calor, caracterizado por sudoración abundante, náuseas, piel fría y húmeda, pulso acelerado y sensación de desmayo. Sin atención oportuna, esta condición puede evolucionar hacia un golpe de calor, una emergencia médica que pone en peligro la vida.
Los CDC explican que el golpe de calor ocurre cuando la temperatura corporal supera los 40 grados centígrados (104 °F). La persona puede presentar confusión, alteraciones del comportamiento, pérdida del conocimiento, convulsiones y una temperatura corporal extremadamente elevada. Ante estos síntomas, se debe llamar de inmediato al 911 mientras se intenta enfriar a la persona trasladándola a un lugar fresco y aplicando compresas o agua fría.
La hidratación constituye una de las principales medidas de protección. Los expertos recomiendan beber agua regularmente durante todo el día, incluso cuando no exista sensación de sed. También aconsejan limitar el consumo de bebidas alcohólicas y aquellas con alto contenido de azúcar o cafeína, ya que pueden favorecer la deshidratación.
Otra recomendación importante consiste en permanecer, siempre que sea posible, en lugares con aire acondicionado. Los CDC advierten que un ventilador doméstico puede no ser suficiente cuando la temperatura interior supera aproximadamente los 32 °C (90 °F). Si el hogar no dispone de aire acondicionado, es recomendable acudir a espacios climatizados durante las horas de mayor temperatura.
Las autoridades sanitarias también aconsejan vestir ropa ligera y de colores claros, evitar actividades físicas intensas entre el final de la mañana y la tarde, utilizar protector solar y revisar con frecuencia a familiares, vecinos o amigos mayores que vivan solos.
Nunca debe dejarse a un niño, un adulto mayor o una mascota dentro de un automóvil estacionado, aunque las ventanas permanezcan parcialmente abiertas. La temperatura en el interior de un vehículo puede elevarse rápidamente hasta alcanzar niveles potencialmente mortales en cuestión de minutos.
En Salud al Día recordamos que cuidar la salud durante el verano implica mucho más que protegerse del sol. Escuchar las recomendaciones de los CDC y actuar con prudencia frente al calor extremo es una forma sencilla y efectiva de proteger nuestra vida y la de quienes nos rodean.
Fuentes
- Centers for Disease Control and Prevention (CDC): https://www.cdc.gov/heat-health/
• National Weather Service: https://www.weather.gov/
Imagen destacada: Jose Vicente Domador

