El regreso a las actividades habituales y el comienzo del otoño hacen de esta una buena época para fortalecer la prevención.
Con el final del verano y la celebración del Labor Day comienza una etapa de cambios importantes en Estados Unidos. Regresan las clases, se modifican las rutinas familiares, aumentan las actividades en espacios cerrados y, poco a poco, comienzan a bajar las temperaturas.
El Labor Day no representa por sí mismo un riesgo para la salud. Sin embargo, marca el comienzo de una temporada en la que conviene reforzar el cuidado personal y prepararse para una mayor circulación de enfermedades respiratorias.
¿Qué cambia durante esta época?
Después del verano, las personas vuelven a compartir con mayor frecuencia en escuelas, oficinas, iglesias, centros comunitarios, reuniones familiares y medios de transporte. Esta mayor cercanía facilita la transmisión de la influenza, el COVID-19, el virus respiratorio sincitial (RSV o VRS), los resfriados comunes y algunas infecciones gastrointestinales.
La influenza y el RSV suelen aumentar durante el otoño y el invierno. El COVID-19 puede circular durante todo el año y también presentar aumentos en determinadas épocas.
Una revisión preventiva para comenzar la temporada
Este es un buen momento para revisar la salud general y asegurarnos de estar preparados para los próximos meses.
- Consultar con el médico o farmacéutico cuáles vacunas corresponden según la edad, las condiciones de salud y los antecedentes de vacunación.
- Verificar que no falten medicamentos y mantener una lista actualizada de tratamientos y alergias.
- Controlar la presión arterial o la glucosa cuando corresponda y conservar las citas médicas.
- Mantener horarios regulares para dormir, comer y tomar los medicamentos.
- Continuar con la actividad física adecuada para la condición de cada persona.
- Tomar suficientes líquidos, aunque haya disminuido el calor del verano.
Las personas con restricciones de líquidos por enfermedades cardíacas o renales deben seguir las indicaciones de su médico.
Medidas sencillas para reducir los contagios
- Lavarse las manos con frecuencia.
- Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca.
- Ventilar los espacios cerrados cuando sea posible.
- No compartir vasos ni cubiertos.
- Cubrirse al toser o estornudar.
- Evitar el contacto cercano con personas enfermas.
- Considerar una mascarilla bien ajustada en lugares concurridos o cuando exista una infección respiratoria en el hogar.
La prevención no significa encerrarse ni alejarse de familiares y amigos. Significa continuar con nuestras actividades adoptando precauciones razonables.
¿Cuándo debemos consultar?
Se debe buscar atención médica ante dificultad para respirar, dolor o presión en el pecho, confusión repentina, debilidad intensa, fiebre persistente, incapacidad para beber líquidos, señales de deshidratación o empeoramiento de una enfermedad crónica.
También conviene comunicarse temprano con el médico después de una prueba positiva de influenza o COVID-19. Algunos tratamientos antivirales son más eficaces cuando se comienzan durante los primeros días de la enfermedad.
Atención especial para los adultos mayores
Los adultos mayores necesitan mayor protección porque, con la edad, el sistema inmunitario puede responder con menor rapidez. Una infección que en una persona joven produce molestias leves puede ocasionar neumonía, deshidratación, confusión, caídas, pérdida temporal de movilidad, descompensación de la diabetes o empeoramiento de enfermedades cardíacas y pulmonares.
El riesgo es mayor entre quienes viven con enfermedades del corazón, diabetes, asma, enfermedad pulmonar, enfermedad renal, cáncer o defensas debilitadas.
Para las personas de 65 años o más, generalmente se prefieren vacunas contra la influenza de dosis alta, recombinantes o con adyuvante, cuando estén disponibles. El CDC recomienda una dosis de la vacuna contra el RSV para todas las personas de 75 años o más y para los adultos de 50 a 74 años con mayor riesgo de enfermedad grave. Quienes ya recibieron una dosis normalmente no deben repetirla, salvo que las recomendaciones cambien.
Una consideración especial para los abuelos
El regreso a clases merece especial atención para los abuelos que viven con sus nietos, los buscan en la escuela o los cuidan durante la semana. Los niños permanecen muchas horas en contacto cercano con otros estudiantes y pueden llevar al hogar virus respiratorios o gastrointestinales, incluso antes de presentar síntomas evidentes.
Esto no significa que los abuelos deban alejarse de sus nietos. La relación entre ambos puede favorecer el bienestar emocional, reducir la soledad y mantener a los mayores activos e integrados en la vida familiar.
La familia puede protegerlos estableciendo una rutina sencilla: que los niños se laven las manos al llegar de la escuela, que no compartan bebidas o utensilios y que informen si estuvieron expuestos a una enfermedad contagiosa. Mientras tengan fiebre, vómitos, diarrea o síntomas respiratorios, conviene limitar los besos y el contacto muy cercano.
| Prepararse sin alarmarse. Revisar las vacunas, los medicamentos y las citas médicas permite disfrutar de la vida familiar y social con mayor seguridad. |
Fuentes consultadas
- Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Prevención de la influenza. Consultar fuente
- Orientación clínica sobre la vacunación contra el RSV. Consultar fuente
- Calendario recomendado de vacunación para adultos. Consultar fuente
- National Institute on Aging. Influenza y adultos mayores. Consultar fuente

