No representa una amenaza generalizada para la población, pero su expansión en hospitales y centros de cuidados prolongados plantea un importante desafío para la salud pública.

Un hongo resistente a algunos de los medicamentos utilizados habitualmente para combatir las infecciones por hongos continúa extendiéndose en establecimientos de salud de Estados Unidos y ha llevado a las autoridades sanitarias a reforzar las medidas de vigilancia y prevención. Se trata de Candida auris, también conocida como C. auris o Candidozyma auris, una levadura que puede producir infecciones graves principalmente entre pacientes que ya se encuentran seriamente enfermos.

La información merece atención, pero también debe interpretarse adecuadamente. Candida auris no es un microorganismo nuevo, no se está propagando entre la población de la misma manera que un virus respiratorio y, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), las personas que no presentan determinados factores de riesgo generalmente no desarrollan una infección ni son colonizadas por este hongo.

Lo que preocupa a las autoridades sanitarias es otra cosa: su capacidad para propagarse dentro de hospitales y establecimientos de atención médica, permanecer durante largos períodos en algunas superficies y resistir ciertos medicamentos antifúngicos.

Fue identificado por primera vez en 2009 en Japón y posteriormente comenzó a detectarse en diferentes partes del mundo. Los primeros casos fueron reportados en Estados Unidos en 2016. Desde entonces, el número de casos identificados ha aumentado y el microorganismo se ha establecido en establecimientos sanitarios de diferentes regiones del país.

Un nuevo informe nacional de vigilancia publicado por el CDC en 2026 permite observar con mayor precisión esa evolución. Entre 2022 y 2024 se notificaron al organismo 13.507 casos clínicos de C. auris. El informe registró 2.882 casos en 2022, 4.428 en 2023 y 6.197 en 2024. Aunque el número absoluto continuó aumentando, el porcentaje de crecimiento anual se redujo: fue de 53,7 % entre 2022 y 2023 y de 39,9 % entre 2023 y 2024.

Este último dato es importante para interpretar la situación sin generar alarma. El problema continúa creciendo y requiere vigilancia, pero la velocidad porcentual de crecimiento observada en los casos clínicos ha comenzado a disminuir.

La página de seguimiento del CDC, que utiliza datos que pueden actualizarse y contabilizarse de manera diferente, señala 6.304 casos clínicos correspondientes a 2024. El propio organismo explica que las cifras presentadas en diferentes sistemas pueden variar según los criterios utilizados, por ejemplo, la fecha y lugar de recolección de la muestra o el tipo de caso incluido.

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

Este es probablemente el aspecto más importante para el público.

C.auris afecta principalmente a personas que ya padecen enfermedades graves y requieren atención médica compleja. El informe del CDC correspondiente a 2022–2024 encontró que el 87,8 % de los casos clínicos se produjo en adultos de 45 años o más.

Entre las personas con mayor riesgo se encuentran pacientes que permanecen durante períodos prolongados en hospitales o centros de atención médica y aquellos que necesitan dispositivos invasivos, como catéteres venosos, catéteres urinarios, sondas de alimentación o tubos para ayudarles a respirar.

El uso reciente o prolongado de determinados antibióticos o antifúngicos también puede aumentar el riesgo.

En contraste, el CDC señala que las personas que no presentan estos factores de riesgo generalmente no adquieren C. auris ni desarrollan la enfermedad. Esto incluye normalmente a familiares, visitantes y trabajadores sanitarios, para quienes tampoco se recomienda realizar pruebas rutinarias en ausencia de circunstancias especiales.

Tener el hongo no significa necesariamente estar enfermo

Otra distinción fundamental es la diferencia entre colonización e infección.

Una persona puede tener Candida auris sobre la piel o en otras partes del cuerpo sin presentar síntomas ni estar enferma. A esto se le denomina colonización.

Estas personas, sin embargo, pueden transmitir el microorganismo a superficies u objetos y eventualmente a otros pacientes vulnerables. Por esa razón, los establecimientos sanitarios realizan pruebas de detección en determinadas circunstancias, especialmente cuando existe riesgo de transmisión.

Entre 2022 y 2024, además de los casos clínicos, el CDC recibió reportes de 27.853 casos detectados mediante pruebas de colonización. El aumento de estas detecciones no debe interpretarse automáticamente como un número equivalente de personas enfermas. Parte del crecimiento puede reflejar precisamente una mayor vigilancia y realización de pruebas.

¿Cómo se transmite?

C. auris representa un desafío particular dentro de los establecimientos sanitarios porque puede permanecer durante períodos prolongados en la piel de una persona colonizada y también sobrevivir sobre determinadas superficies.

Puede encontrarse, por ejemplo, en barandas de camas, manijas de puertas y equipos médicos. Una persona infectada o colonizada puede contaminar estas superficies y facilitar la transmisión a otros pacientes.

Por ello, hospitales y centros de cuidados prolongados utilizan medidas específicas de control, que incluyen higiene frecuente de las manos, uso de guantes y batas cuando corresponde, separación de determinados pacientes y limpieza de habitaciones y equipos con desinfectantes efectivos contra C. auris.

¿Por qué preocupa su resistencia a los medicamentos?

La resistencia antifúngica constituye uno de los principales motivos de preocupación.

Muchos tipos de C. auris presentan resistencia al fluconazol, un medicamento utilizado comúnmente para tratar infecciones causadas por Candida. Por esta razón, las equinocandinas constituyen generalmente el tratamiento inicial recomendado para muchas infecciones por C. auris.

La buena noticia es que la mayoría de las infecciones todavía pueden tratarse con esta clase de medicamentos.

Sin embargo, las autoridades sanitarias han identificado cepas resistentes a varias clases de antifúngicos y, en casos poco frecuentes, cepas resistentes a las tres principales clases de medicamentos disponibles. Estas situaciones pueden hacer mucho más difícil el tratamiento y explican por qué la vigilancia de la resistencia es tan importante.

¿Cuáles son los síntomas?

No existe un síntoma exclusivo que permita reconocer una infección por C. auris.

Las manifestaciones dependen del lugar del organismo donde se produzca la infección y pueden incluir fiebre o escalofríos, síntomas que también aparecen en numerosas infecciones bacterianas y virales.

El hongo puede encontrarse en heridas, oídos, orina y otros lugares del cuerpo, pero las situaciones de mayor preocupación son aquellas en las que invade el torrente sanguíneo u otros órganos.

Por ello, su diagnóstico requiere pruebas de laboratorio específicas y debe ser realizado por profesionales de la salud.

¿Es un hongo mortal?

Describir simplemente a Candida auris como un “hongo mortal” puede conducir a una interpretación equivocada.

Las infecciones invasivas pueden ser graves y potencialmente mortales, pero la mayoría de las personas que desarrollan estas infecciones ya se encuentran seriamente enfermas. El propio CDC advierte que, cuando fallece un paciente con C. auris, puede resultar difícil determinar cuánto contribuyó específicamente el hongo al fallecimiento en comparación con las enfermedades que la persona padecía previamente.

Por ello, las cifras de mortalidad deben interpretarse dentro del contexto clínico de estos pacientes y no como si representaran el riesgo de muerte de una persona sana que entra en contacto casual con el microorganismo.

Vigilancia, prevención y no alarma

El aumento de Candida auris en Estados Unidos representa un problema real de salud pública, especialmente para hospitales, centros de cuidados prolongados y pacientes que necesitan atención médica compleja.

La respuesta más efectiva, sin embargo, no es generar temor entre la población, sino fortalecer la vigilancia, identificar tempranamente los casos, realizar pruebas a pacientes de mayor riesgo cuando corresponda, mantener una adecuada higiene de las manos, desinfectar correctamente las instalaciones y equipos médicos y comunicar los antecedentes de colonización o infección cuando un paciente es trasladado de un establecimiento sanitario a otro.

Para la mayoría de las personas sanas, Candida auris no representa actualmente una amenaza significativa en sus actividades cotidianas.

El mensaje de las autoridades sanitarias es, por tanto, de atención y prevención, no de alarma. La expansión de un microorganismo capaz de desarrollar resistencia a los medicamentos disponibles requiere seguimiento científico y medidas rigurosas dentro del sistema sanitario, pero conocer quiénes están verdaderamente en riesgo permite colocar el problema en su justa dimensión.

Fuentes principales

Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Surveillance for Candida auris — United States, 2022–2024. MMWR, 2026.

Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Tracking C. auris. Actualización 2026.

Centers for Disease Control and Prevention (CDC). About C. auris. Actualización 2026.

Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Preventing the Spread of C. auris.