Psicología, narrativa terapéutica y creatividad se unen para ofrecer primeros auxilios emocionales a niños afectados por una tragedia.
Después de una tragedia, no todas las heridas son visibles. Mientras los adultos intentan reconstruir sus hogares y recuperar la normalidad, muchos niños enfrentan miedos, ansiedad, tristeza y preguntas para las que aún no encuentran palabras. Pensando en ellos, un grupo de profesionales venezolanos creó una iniciativa que combina psicología, narrativa terapéutica, arte y creatividad para ofrecer primeros auxilios emocionales y ayudar a los más pequeños a expresar lo que sienten y recuperar, poco a poco, la sensación de seguridad.
Impulsado por la psicóloga clínica Aniuska Castro, del Equipo Psinapsis, junto con la acuarelista y calígrafa María Angélica Rísquez, de Acuarelarte, el programa utiliza cuentos, dibujos, escritura, respiración consciente y actividades creativas para brindar a los niños un espacio donde puedan sentirse escuchados, comprendidos y acompañados.
Lejos de ser una clase tradicional, cada encuentro se convierte en un espacio de confianza donde el arte deja de ser únicamente una expresión creativa para convertirse en un puente de comunicación. Los niños dibujan, colorean, escriben, imaginan y cuentan historias, mientras los profesionales observan, escuchan y los acompañan con herramientas de regulación emocional adaptadas a su edad.
La iniciativa nació de una pregunta sencilla que Aniuska Castro se hizo al conocer la magnitud de la tragedia: ¿cómo podía ayudar desde aquello que mejor sabe hacer? Como psicóloga con experiencia en duelo y narrativa terapéutica, comprendió que, además de atender las necesidades materiales, era necesario ofrecer un espacio para cuidar las emociones de quienes habían vivido momentos de enorme angustia.
A esta iniciativa se sumaron organizaciones que, desde sus respectivas especialidades, enriquecieron el proyecto. Equipo Psinapsis aportó su experiencia en el acompañamiento psicológico y los primeros auxilios emocionales; Castillos de Papel incorporó recursos y materiales creativos para los talleres; y Acuarelarte contribuyó con el arte como herramienta de expresión. Juntos desarrollaron un programa que integra respiración consciente, visualización, ejercicios gráficos, cuentos terapéuticos y actividades artísticas, convencidos de que muchos niños encuentran más fácil expresar lo que sienten mediante un dibujo o una historia que a través de una conversación directa.
Uno de los pilares del programa es la narrativa terapéutica, una herramienta que utiliza los cuentos para ayudar a los niños a comprender y expresar sus emociones. La propia Aniuska Castro es autora de varias obras infantiles inspiradas en experiencias humanas complejas, entre ellas La habitación del lado, un cuento concebido para acompañar procesos de duelo. A través de personajes e historias cercanas, los pequeños encuentran una forma segura de hablar del miedo, la pérdida y la esperanza.
Las actividades también incluyen ejercicios sencillos de respiración, relajación, imaginación guiada y creación artística. Los niños elaboran dibujos, construyen un “escudo protector”, identifican sus fortalezas y crean imágenes que representan lugares donde se sienten seguros. Estas dinámicas buscan favorecer la calma, estimular la expresión emocional y fortalecer los recursos personales con los que cuentan para afrontar momentos difíciles.
En los talleres no existen respuestas correctas o incorrectas. Cada dibujo, cada color y cada historia representan una forma distinta de expresar una vivencia. Mientras algunos niños dibujan aquello que perdieron, otros representan aquello que desean recuperar o aquello que les da esperanza. Ese proceso creativo permite a los facilitadores comprender mejor las necesidades emocionales de cada participante y acompañarlos de manera respetuosa.
Las jornadas se han desarrollado tanto en refugios como en espacios comunitarios, entre ellos la Hacienda La Trinidad Parque Cultural, donde niños y sus familias han participado en actividades especialmente diseñadas para brindar apoyo emocional después de la emergencia. Se hacen grupos de pequeños sentados en círculo, compartiendo materiales de dibujo, escuchando cuentos y participando activamente en cada ejercicio, en un ambiente donde la calma y la cercanía sustituyen, aunque sea por un momento, la incertidumbre vivida.
Además del trabajo directo con los niños, el proyecto incorpora a madres, padres y cuidadores, entendiendo que la recuperación emocional de un menor depende en gran medida del entorno que lo acompaña. Por ello también se comparten herramientas sencillas para escuchar, contener emocionalmente y fortalecer el vínculo con los hijos en momentos de crisis.
Uno de los aspectos más inspiradores de esta iniciativa es que reúne personas de profesiones muy diferentes alrededor de un mismo propósito. Psicólogos, artistas, escritores, calígrafos, voluntarios y ciudadanos colaboran desde sus conocimientos y talentos. Unos preparan actividades, otros donan materiales, otros confeccionan elementos que serán utilizados en los talleres y otros ofrecen su tiempo para acompañar a los niños. La propuesta transmite un mensaje profundamente humano: cada persona puede ayudar desde aquello que sabe hacer.
Aunque la recuperación emocional después de una tragedia es un proceso que requiere tiempo y, en algunos casos, atención especializada, experiencias como esta recuerdan la importancia de actuar desde los primeros momentos. Los primeros auxilios emocionales no sustituyen la terapia psicológica, pero pueden ofrecer contención inicial, ayudar a recuperar la calma y facilitar que el niño se sienta protegido, escuchado y acompañado.
Quizás la frase que mejor resume el espíritu de este proyecto sea la pronunciada por su propia impulsora: “No es solamente levantar los escombros. Es trabajar con los escombros que quedaron dentro del alma”. En esa reflexión se encuentra la esencia de una iniciativa que recuerda que reconstruir una comunidad también significa cuidar el corazón de sus niños, porque ellos serán quienes escriban el próximo capítulo de esa historia.

