La picazón persistente en la piel no siempre es simple resequedad. Con frecuencia se trata de eczema, también conocido como dermatitis atópica o dermatitis eczematosa, una condición inflamatoria crónica que afecta tanto a niños como a adultos. Se manifiesta con enrojecimiento, ardor, resequedad intensa y, sobre todo, una picazón que puede volverse desesperante, especialmente durante la noche.
El eczema ocurre cuando la barrera natural de la piel se debilita. Esto permite que se pierda humedad y que sustancias irritantes penetren con mayor facilidad, provocando inflamación. En la comunidad hispana, además del malestar físico, debemos considerar un factor adicional: la tendencia a desarrollar manchas oscuras después de la inflamación, conocidas como hiperpigmentación postinflamatoria. Por eso es fundamental tratar los brotes de manera temprana y adecuada.
La base del tratamiento es la hidratación constante. No se trata de aplicar crema solo cuando la piel pica, sino de convertir la hidratación en una rutina diaria. Las cremas espesas o los ungüentos son preferibles a las lociones ligeras. Lo ideal es aplicarlos inmediatamente después del baño, cuando la piel aún está ligeramente húmeda, y repetir al menos dos o tres veces al día.
El baño también debe modificarse. El agua debe ser tibia, nunca caliente, y el tiempo no debe exceder los quince minutos. Se recomienda utilizar jabones suaves, sin fragancias ni colorantes. Muchos productos perfumados de uso común en nuestros hogares pueden empeorar la irritación sin que lo notemos. Al secarse, la piel debe tratarse con suavidad, sin frotar con fuerza.
Cuando la picazón es intensa o aparecen brotes inflamatorios, puede ser necesario utilizar cremas medicadas prescritas por un médico. Los corticoides tópicos, usados correctamente y por el tiempo indicado, son seguros y muy eficaces. Existe temor en muchas familias hacia estos medicamentos, pero bajo supervisión médica su beneficio supera ampliamente los riesgos. En algunos casos también se utilizan tratamientos no esteroideos que ayudan a controlar la inflamación a largo plazo.
Evitar el rascado es clave. Rascarse perpetúa el ciclo de inflamación y puede abrir la puerta a infecciones. Mantener las uñas cortas, aplicar compresas frías y usar ropa de algodón suave puede ayudar a reducir el impulso de rascarse, especialmente en niños.
También es importante identificar factores desencadenantes. El clima seco, el aire acondicionado constante, el sudor excesivo, el estrés emocional, los detergentes fuertes y la ropa sintética ajustada son causas frecuentes de empeoramiento. Cambiar a detergentes hipoalergénicos y evitar suavizantes perfumados puede marcar una gran diferencia.
Debe buscarse atención médica si aparecen signos de infección como pus, costras amarillentas o dolor, si el eczema se extiende rápidamente, si interfiere con el sueño o si afecta a un bebé o niño pequeño con lesiones extensas.
El eczema no es simplemente piel seca. Es una condición inflamatoria que requiere cuidado continuo. Con una rutina adecuada de hidratación, identificación de desencadenantes y tratamiento oportuno, es posible controlar la picazón y proteger la salud de la piel. La educación y la constancia son nuestras mejores herramientas para vivir con la piel en equilibrio.

