Cada 1 de diciembre se conmemora el Día Internacional de la Prevención del Sida, una fecha que invita a reflexionar sobre los desafíos actuales en la lucha contra el VIH.

Este año, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el programa UNAIDS han lanzado una advertencia especialmente preocupante: la respuesta mundial frente al VIH está enfrentando el peor retroceso en décadas debido a la reducción drástica del financiamiento destinado a prevención, pruebas, campañas educativas y tratamientos esenciales. Esta disminución amenaza con generar un recrudecimiento de los casos de VIH a nivel global, con especial impacto en regiones vulnerables como América Latina.

Según los informes más recientes, los recortes internacionales podrían disminuir entre un 30% y 40% los fondos destinados a programas de VIH para 2025, lo que ya está provocando interrupciones en servicios clave como pruebas diagnósticas, acceso a tratamientos antirretrovirales, distribución de preservativos, programas de profilaxis preexposición (PrEP) y acciones comunitarias de prevención. Actualmente, más de 40 millones de personas viven con VIH en el mundo, se registran alrededor de 1.3 millones de nuevas infecciones cada año y cerca de 630 000 muertes anuales relacionadas con sida. De mantenerse esta tendencia, UNAIDS advierte que podrían producirse más de 3.3 millones de nuevas infecciones adicionales entre 2025 y 2030.

El riesgo para América Latina es especialmente serio. Muchos de los avances en prevención y tratamiento logrados en las últimas décadas se sostienen gracias a la cooperación internacional. Cuando esta disminuye, los sistemas de salud de la región enfrentan dificultades para mantener programas comunitarios, acceso a PrEP, campañas educativas, centros de detección temprana y servicios dirigidos a poblaciones vulnerables. Factores como desigualdad social, estigma y discriminación aumentan aún más la vulnerabilidad, creando condiciones propicias para un repunte de nuevos contagios, especialmente entre jóvenes, mujeres, personas LGBTIQ+, trabajadores sexuales y poblaciones en situación de movilidad o riesgo social.

La ONU alerta que este retroceso no sólo pone en peligro la salud de millones de personas, sino que amenaza décadas de trabajo global para contener la epidemia. Se necesita restablecer el financiamiento internacional, fortalecer los sistemas de salud locales, garantizar el acceso universal al tratamiento antirretroviral y priorizar programas destinados a poblaciones en mayor riesgo. También se requiere combatir el estigma y fomentar la educación, dos pilares fundamentales para que las personas se realicen pruebas, inicien tratamiento oportuno y mantengan medidas de prevención efectivas.

El Día Internacional de la Prevención del Sida nos recuerda que esta lucha continúa y que no se puede dar por terminada. La falta de financiamiento no es sólo un desafío técnico: es una amenaza directa para la vida de millones de personas, para la salud pública global y para el objetivo de poner fin al sida como amenaza para 2030. Este es un llamado urgente a gobiernos, organizaciones, instituciones y comunidades para reforzar esfuerzos, mantener viva la conciencia preventiva y asegurar que los avances alcanzados no retrocedan.

El sida se puede prevenir, el sida se puede tratar, pero sólo si el mundo decide actuar a tiempo y sin bajar la guardia.

Lea el informe completo de UNAIDS