Por Luz Marina Palacios. 

Introducción

La felicidad ha sido, desde tiempos inmemoriales, el anhelo más profundo del ser humano. No obstante, en lugar de ser un estado inmutable o una nación universal, La felicidad se revela como un viaje constante y fluido, es una edificación que se transforma con el tiempo, el entorno y la perspectiva cultural que adoptamos sobre nuestra existencia. (Seligman, 2011).

En un universo en perpetua metamorfosis, donde el sufrimiento emocional es la norma, desentrañar la felicidad desde una mirada científica es vital . Ya no es suficiente buscar la manera de aliviar el dolor, debemos explorar la manera de cultivar existencias más auténticas, conscientes y por encima de todo más humana.

El Cambio de Paradigma: De la Carencia al Bienestar

Tradicionalmente, la psicología se centró en lo que no estaba bien.  Fue Martin Seligman, considerado como el progenitor de la Psicología Positiva, planteó una transformación de perspectiva: dejar de centrarnos exclusivamente en la dolencia o carencias para poner en valor los recursos personales y las posibilidades de crecimiento.

Desde esta óptica, la felicidad es una vivencia personal que trasciende la mera sensación de malestar. Involucrarse con entusiasmo en la existencia, cultivar destrezas y descubrir un objetivo que supere el propio ego.

El Modelo PERMA: Las Cinco dimensiones de la felicidad.

Para orquestar este viaje, Seligman planteó el esquema PERMA que desentraña la felicidad en cinco facetas fundamentales:

P (Positive Emotions)   Disfrutar de la gratitud, alegría y esperanza con frecuencia.

E (Engagement) La devoción absoluta hacia las tareas que nos fascinan y apasionan.

R (Relationships) Cultivar lazos que brinden amparo emocional y sentido de pertenencia.

M (Meaning) Conectar nuestras acciones con una meta superior a nuestra esencia.

A (Accomplishment)La sensación de alcanzar y avanzar hacia objetivos preciados.(Seligman, 2002).

Los Estudiosos del Bienestar en la era contemporánea

La felicidad no es un capricho al azar; es una construcción cotidiana. Diversos eruditos han descifrado los enigmas y piezas clave para entender este rompecabezas:

  • Mihaly Csikszentmihalyi y la danza del flujo: Nos revelo que la plenitud se manifiesta cuando perdemos la percepción del tiempo al enfocarnos con fervor en un reto que armoniza nuestras destrezas.(Csikszentmihalyi, 1997).
  • Ed Diener: Caracteriza la felicidad, ésta se erige como un balance integral de la existencia. Las personas felices no son las que no enfrentan desafíos, sino aquellas que valorar su vida con armonía emocional.
  • Sonja Lyubomirsky por su parte :Por su parte defiende que el bienestar florece deliberadamente. Mediante la gratitud, las acciones generosas y la creación de vínculos, podemos elevar nuestra «base de felicidad» desafiando que todo se debe a circunstancias ajenas. Lyubomirsky, Sheldon y Schkade (2005)

Resiliencia: Capacidad de superar desafíos

La felicidad no puede verse no puede concebirse como la ausencia de dolor. Sin lugar a duda. Las personas felices desestiman el sufrimiento; crean herramientas para enfrentarlo.

Esta es la puerta abierta a la resiliencia. Sin ella, el éxtasis de la felicidad seria efímero y tenue.

La capacidad de resiliencia permite fusionar los episodios dolorosos con el panorama global. Es la habilidad de sortear los desafíos sin abandonar los anhelos. Mientras que la felicidad es el combustible interno que impulsa la metamorfosis. La felicidad es la chispa que asegura que ese bienestar perdure en el tiempo.

«La felicidad y la resiliencia no son rivales, sino facetas que se entrelazan.» Una la colorea la existencia; la otra le infunde raíces»

Análisis en la Era de la incerteza

Nos encontramos en una era extraña. Nuestro avance tecnológico es asombroso, pero la ansiedad y la soledad nos asfixian. La cultura del desempeño nos ha inculcado que la felicidad es un deber o una competición perpetua.

No obstante, la Psicología Positiva es ética y humanista. Nos recuerda que la felicidad está intrínsecamente entrelazada con la esencia de la dignidad humana y el espíritu solidario. No es un estado indiferente, sino una manifestación de conocimientos:

1.Es vinculante: Emerge del dialogo y el cariño hacia los demás. En la interacción y el amor por los demás.

2.Consciente: Convierte la vulnerabilidad humana en un ingrediente esencial del viaje.

3.Es una chispa de humanidad: No rechaza el dolor, lo abraza y le otorga una nueva esencia.

Conclusión

Al final, la felicidad reside en descubrir lo preciado que esconde nuestra fragilidad. Es una manifestación de gratitud y presencia; una manera seria y resplandeciente de habitar el universo, incluso cuando las dificultades acechan.

 

Luz Marina Palacios. Educadora, investigadora social. Facilitadora en salud mental y bienestar emocional para contextos educativos y comunitarios. Su labor combina el humanismo y la acción social, con énfasis en la resiliencia, la prevención del suicidio y la construcción de comunidades cuidadoras.