En Estados Unidos, la diabetes tipo 2 no aparece de forma súbita. En la mayoría de los casos, su antesala es la prediabetes, una condición metabólica en la que los niveles de glucosa en sangre están elevados, aunque aún no alcanzan los criterios diagnósticos de diabetes. Comprender cómo se distribuye la prediabetes entre los distintos grupos raciales y étnicos resulta clave para entender por qué la diabetes afecta con mayor fuerza a ciertas poblaciones, entre ellas la comunidad latina.

Según el National Diabetes Statistics Report elaborado por los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), durante el período 2017–marzo de 2020, la prevalencia estimada de prediabetes en adultos fue de aproximadamente 38,7 % en blancos no hispanos, 39,2 % en afroamericanos no hispanos y 34,5 % en hispanos/latinos. Aunque el porcentaje reportado en latinos es ligeramente inferior al observado en blancos y afroamericanos, estas cifras confirman que la prediabetes es un fenómeno ampliamente extendido en todos los grupos poblacionales. En términos absolutos, millones de adultos latinos viven con esta condición, muchas veces sin saberlo, lo que retrasa la adopción de medidas preventivas efectivas.

El mismo informe del CDC estima que cerca de 97,6 millones de adultos en Estados Unidos viven con prediabetes, y una proporción considerable desconoce su situación metabólica. Esta falta de diagnóstico temprano es especialmente relevante en poblaciones con barreras de acceso al sistema de salud, donde la prediabetes puede progresar silenciosamente hacia diabetes tipo 2.

Cuando se analizan los casos ya diagnosticados de diabetes, las diferencias entre grupos se hacen más evidentes. Datos consolidados por el CDC y el National Institutes of Health (NIH) muestran que la prevalencia e incidencia de diabetes diagnosticada es mayor en afroamericanos no hispanos y en personas hispanas/latinas que en blancos no hispanos. En otras palabras, aunque la prediabetes es común en todos los grupos, la progresión hacia diabetes y sus complicaciones tiende a ser más frecuente en comunidades que enfrentan mayores desigualdades sociales y sanitarias.

Dentro de la población latina, la diabetes no se distribuye de manera homogénea. Estudios epidemiológicos de gran escala, como el Hispanic Community Health Study / Study of Latinos (HCHS/SOL), publicados en revistas científicas indexadas y respaldados por el NIH, documentan diferencias sustanciales según el país o región de origen. En estos análisis, la prevalencia de diabetes tipo 2 se estimó aproximadamente en 10 % en personas de origen sudamericano, 13 % en cubanos, 17–18 % en centroamericanos, 18 % en dominicanos y puertorriqueños, y alrededor de 18 % en mexicanos. Estas variaciones reflejan no solo posibles factores genéticos, sino también diferencias en edad promedio, índice de masa corporal, nivel socioeconómico, tiempo de residencia en Estados Unidos y acceso a atención médica preventiva.

Los informes epidemiológicos más actualizados del CDC muestran que la diabetes continúa estando muy extendida en la población adulta estadounidense en general. En un análisis publicado con datos de 2021–2023, se estima que alrededor del 15,8 % de los adultos estadounidenses vive con diabetes (incluyendo casos diagnosticados y no diagnosticados), lo que equivale a aproximadamente 1 de cada 6 adultos. Esta cifra representa una tendencia ascendente frente a décadas anteriores, y subraya la persistencia de la diabetes como problema de salud pública en todo el país.

En estimaciones recientes con desagregación por raza y etnicidad (datos 2019–2021), la prevalencia de diabetes diagnosticada fue aproximadamente 11,7 % entre adultos hispanos/latinos, 12,1 % entre afroamericanos no hispanos y 6,9 % entre blancos no hispanos. Estas cifras muestran que, aún entre los datos más actuales disponibles con desagregación por grupo demográfico, los latinos y afroamericanos continúan teniendo tasas claramente superiores de diabetes diagnosticada en comparación con los blancos no hispanos, lo que mantiene el patrón de desigualdad observado durante años.

El riesgo tampoco se limita al presente. Investigaciones citadas por el NIH y por la American Diabetes Association indican que más de la mitad de los latinos en Estados Unidos podría desarrollar diabetes tipo 2 a lo largo de su vida si no se implementan estrategias eficaces de prevención. Esta proyección convierte a la diabetes en uno de los principales desafíos de salud pública para esta comunidad, no solo por su frecuencia, sino por las consecuencias a largo plazo: mayor riesgo cardiovascular, enfermedad renal crónica, pérdida de visión y neuropatías.

La ciencia coincide en que esta carga desproporcionada no puede explicarse únicamente por la biología. A los factores genéticos se suman cambios en los patrones alimentarios asociados a la migración, mayor exposición a alimentos ultraprocesados, menor actividad física en entornos urbanos, y una alta prevalencia de obesidad. A ello se agregan los determinantes sociales de la salud: ingresos más bajos, inseguridad alimentaria, barreras idiomáticas, falta de seguro médico y menor acceso a programas de prevención y educación en salud. Todo ello favorece diagnósticos tardíos y un control metabólico subóptimo.

Frente a este escenario, la evidencia científica es clara y consistente. Las principales instituciones de salud pública coinciden en que la detección temprana de la prediabetes, mediante controles periódicos de glucosa y hemoglobina A1c, es una herramienta fundamental para frenar la progresión de la enfermedad. Asimismo, los estudios muestran que intervenciones estructuradas sobre el estilo de vida —alimentación equilibrada, reducción de azúcares añadidos y alimentos ultraprocesados, aumento de la actividad física regular, control del peso corporal, manejo del estrés y sueño adecuado— pueden reducir de manera significativa el riesgo de que la prediabetes evolucione a diabetes tipo 2, incluso en personas con alta predisposición genética.

La ciencia también subraya la necesidad de enfoques culturalmente pertinentes, adaptados a la diversidad de la población latina, y de políticas que reduzcan las barreras de acceso a la atención médica. La combinación de prevención temprana, educación en salud, seguimiento clínico continuo y abordaje de los determinantes sociales constituye la estrategia con mayor respaldo empírico para reducir el impacto de la diabetes en esta comunidad.

En síntesis, la prediabetes y la diabetes en la población latina en Estados Unidos representan un problema amplio, complejo y profundamente ligado a las desigualdades sociales. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que actuar a tiempo funciona: identificar el riesgo temprano, intervenir antes del diagnóstico y garantizar acceso efectivo a la prevención puede cambiar de forma sustancial el curso de esta enfermedad en millones de personas.


Fuentes principales de los datos y estadísticas
Centers for Disease Control and Prevention (CDC), National Diabetes Statistics Report;
National Institutes of Health (NIH) / NIDDK;
Hispanic Community Health Study / Study of Latinos (HCHS/SOL);
American Diabetes Association.