Ante el anuncio de temperaturas extremadamente bajas y nevadas intensas en el norte de los Estados Unidos, es indispensable reforzar los mensajes de prevención, incorporando riesgos específicos que suelen subestimarse y que tienen un impacto directo en la salud y la seguridad de la población. Los eventos de frío extremo no solo incrementan la probabilidad de enfermedades asociadas a la exposición prolongada a bajas temperaturas, sino que también elevan de manera significativa el riesgo de accidentes domésticos, viales y cardiovasculares.
Existen grupos particularmente vulnerables frente a estas condiciones climáticas. Las personas mayores y los niños pequeños presentan mayores dificultades para regular la temperatura corporal. Las personas con enfermedades crónicas, especialmente de origen cardiovascular, respiratorio o metabólico, pueden experimentar un agravamiento de sus condiciones. Asimismo, las personas sin hogar o que habitan viviendas con aislamiento deficiente enfrentan un riesgo elevado, al igual que quienes trabajan al aire libre y quienes residen solos o en zonas rurales de difícil acceso.
Las personas mayores enfrentan peligros específicos durante las nevadas. Caminar sobre superficies cubiertas de hielo o nieve compactada incrementa el riesgo de caídas, fracturas y traumatismos que, en este grupo etario, pueden derivar en hospitalizaciones prolongadas y pérdida de autonomía. De igual forma, el paleado de nieve representa un riesgo elevado: el esfuerzo físico intenso en condiciones de frío puede provocar aumentos bruscos de la presión arterial y del ritmo cardíaco, incrementando la probabilidad de infartos, arritmias y accidentes cerebrovasculares. Por esta razón, se recomienda que las personas mayores eviten palear nieve y, de ser necesario, soliciten apoyo de familiares, vecinos o servicios comunitarios.
Los niños, por su parte, pierden calor corporal con mayor rapidez que los adultos, ya que su sistema de regulación térmica aún no está completamente desarrollado. Esto los expone a hipotermia incluso durante períodos relativamente cortos de exposición al frío, especialmente cuando la ropa no es adecuada o se encuentra húmeda. La congelación de extremidades como dedos de manos, pies, orejas y nariz puede ocurrir sin que el menor perciba inicialmente el daño, lo que retrasa la reacción y agrava las lesiones.
En el caso de las enfermedades cardiovasculares, el frío provoca una vasoconstricción natural de los vasos sanguíneos, lo que incrementa la presión arterial y obliga al corazón a trabajar con mayor esfuerzo. Este fenómeno puede desencadenar angina de pecho, arritmias, infartos agudos de miocardio y accidentes cerebrovasculares, especialmente en personas con antecedentes de hipertensión, enfermedad coronaria o insuficiencia cardíaca. Actividades frecuentes durante las nevadas, como palear nieve o caminar sobre superficies resbaladizas, suponen un esfuerzo físico intenso y repentino que eleva el riesgo de eventos cardíacos, incluso en personas que se consideran clínicamente estables.
En relación con las enfermedades respiratorias, las temperaturas extremadamente bajas y el aire seco irritan las vías respiratorias y pueden provocar broncoespasmo, dificultad para respirar y crisis agudas en personas con asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), bronquitis crónica u otras afecciones pulmonares. La inhalación de aire frío puede desencadenar tos persistente, opresión en el pecho y disminución de la oxigenación, lo que obliga en muchos casos a requerir atención médica de urgencia. A ello se suma el aumento de infecciones respiratorias durante el invierno, que pueden evolucionar con mayor gravedad en estos pacientes.
En el ámbito del transporte, las condiciones invernales severas incrementan notablemente los accidentes de vehículos debido a carreteras congeladas, visibilidad reducida y pérdida de tracción. Incluso conductores experimentados pueden verse afectados por deslizamientos inesperados o colisiones múltiples. Un riesgo adicional, especialmente durante tormentas prolongadas, es quedar varado en carretera por acumulación de nieve, cierres viales o accidentes, lo que puede derivar en una exposición prolongada al frío. En estos casos, la falta de combustible representa un peligro crítico, ya que impide mantener el motor encendido de forma intermitente para conservar el calor, aumentando el riesgo de hipotermia.
Por ello, se recomienda evitar desplazamientos no esenciales y, cuando sea imprescindible conducir, hacerlo con el tanque de gasolina lleno, el vehículo en buen estado y equipado con un kit de emergencia que incluya mantas, linterna, baterías, agua, alimentos no perecederos y un teléfono móvil con batería suficiente. Permanecer dentro del vehículo, con adecuada ventilación y siguiendo las indicaciones de las autoridades, puede ser vital en caso de quedar atrapado por la nieve.
En el hogar, además de mantener sistemas de calefacción seguros y adecuados, se insiste en la importancia de contar con detectores de monóxido de carbono correctamente instalados y en funcionamiento, especialmente cerca de dormitorios y áreas donde existan equipos de combustión. El uso incorrecto de generadores, estufas o calentadores improvisados durante cortes de electricidad constituye una de las principales causas de intoxicación grave durante episodios de frío extremo.
El llamado final a la comunidad es a actuar con prudencia y solidaridad: limitar la exposición al frío, prestar especial atención a las personas mayores y vulnerables, y mantenerse informados a través de alertas oficiales. La preparación anticipada, la reducción de riesgos evitables y el apoyo mutuo son medidas esenciales para atravesar de forma segura los eventos invernales severos.

