Según la Academia Americana de Pediatría (AAP), organización profesional de pediatras en los Estados Unidos, dedicada a establecer recomendaciones clínicas para proteger y promover la salud física, mental y social de niños y adolescentes, el uso de computadoras y otros dispositivos digitales en la primera infancia debe ser limitado, consciente y de alta calidad, especialmente entre los 2 y 5 años, una etapa crítica para el desarrollo neurológico, emocional y social.

La AAP establece que el tiempo máximo recomendado es de hasta una hora diaria, siempre que se trate de contenido educativo cuidadosamente seleccionado y, de ser posible, compartido con un adulto que acompañe, explique y converse con el niño durante la experiencia digital.

Estas recomendaciones parten de una amplia revisión de evidencia científica que demuestra que el exceso de pantallas puede interferir con el desarrollo del lenguaje, la atención sostenida, el sueño y la interacción social. La AAP enfatiza que el problema no es la tecnología en sí, sino el uso pasivo, prolongado o sin supervisión, que desplaza actividades fundamentales como el juego libre, la lectura, la exploración física y el vínculo humano. En contraste, cuando el contenido es adecuado y el adulto participa activamente, la experiencia digital puede convertirse en un apoyo educativo complementario, nunca en un sustituto de la vida real.

Desde esta perspectiva, la AAP considera conveniente priorizar programas y plataformas diseñados específicamente para el aprendizaje temprano, con ritmos pausados, objetivos pedagógicos claros y ausencia de publicidad o estímulos agresivos.

Entre los más recomendados se encuentran:

  • los desarrollados por Sesame Workshop (Plaza Sésamo), que integran alfabetización inicial, habilidades socioemocionales y valores de convivencia.
  • También destaca PBS Kids, con juegos interactivos que refuerzan matemáticas tempranas, lectura y pensamiento científico en un entorno digital seguro.
  • Asimismo, plataformas como Starfall resultan especialmente convenientes para niños en edad preescolar, ya que trabajan el reconocimiento de letras, sonidos y palabras mediante progresiones sencillas que respetan el ritmo individual de aprendizaje.
  • En el ámbito del juego creativo, se valoran propuestas como Toca Boca, que fomentan la imaginación y el juego simbólico,
  • así como Dr. Panda, cuyos escenarios cotidianos ayudan a desarrollar habilidades sociales y resolución de problemas.

Estas plataformas no constituyen recomendaciones comerciales de la AAP, sino ejemplos de contenidos que cumplen los criterios de calidad definidos por la Academia Americana de Pediatría, y que además son citados por instituciones médicas y educativas como la Clínica Mayo por su enfoque pedagógico, ritmo adecuado y valor educativo.

La AAP subraya, además, que las videollamadas con familiares pueden considerarse una excepción positiva dentro del uso de pantallas, ya que fortalecen los vínculos afectivos y la comunicación, y recomienda evitar el uso de dispositivos antes de dormir para proteger la calidad del sueño. En conjunto, estas directrices buscan orientar a padres y cuidadores hacia un uso equilibrado de la tecnología: menos tiempo, mejor contenido y mayor acompañamiento adulto.

En consonancia con estas directrices, la Clínica Mayo ha señalado que el tiempo frente a pantallas en niños pequeños debe ser limitado y cuidadosamente seleccionado, subrayando que el impacto en el desarrollo infantil depende menos del dispositivo y más del contenido, la duración y el acompañamiento adulto. La institución médica enfatiza que el uso excesivo o no supervisado puede afectar el lenguaje, el sueño y la interacción social, y recomienda integrar la tecnología solo como un apoyo ocasional dentro de una rutina rica en juego, lectura y movimiento.