Cumplir 70 años hoy ya no significa “envejecer”, sino entrar en una etapa distinta, con más calma, sabiduría y la oportunidad de disfrutar lo mejor de la vida. Cada día hay más ejemplos de hombres y mujeres que a esta edad viajan, aprenden, emprenden proyectos nuevos y, sobre todo, se sienten útiles. La clave no está solo en cuidarse físicamente, sino en mantener viva la ilusión de tener un propósito.

La gerontóloga Jasone Molina lo resume con claridad: la longevidad saludable no depende únicamente de la dieta o del ejercicio, sino de seguir ocupando un rol activo en la sociedad. Quien se levanta cada mañana con una razón, ya sea cuidar a un nieto, asistir a una clase, colaborar con su comunidad o emprender una nueva afición, está añadiendo vida a los años, y no solo años a la vida.

En los llamados lugares de “zonas azules”, donde la gente vive más tiempo y con mayor vitalidad, las personas no se retiran a la soledad, sino que forman parte de redes sociales fuertes: salen a caminar con amigos, cocinan juntos, se ayudan entre vecinos y continúan aprendiendo. Esa fórmula es tan poderosa como cualquier receta médica.

Vivir bien a los 70 significa aceptar los cambios que trae el tiempo, pero también descubrir nuevas motivaciones. Tal vez a los 30 el motor era el trabajo, a los 50 la familia, y ahora puede ser aprender un idioma, viajar ligero o simplemente disfrutar de una buena conversación diaria. Lo importante es no perder la curiosidad y la capacidad de asombro.

Por supuesto, el cuerpo necesita atención: caminar, bailar, nadar o hacer yoga suave ayudan a mantener la movilidad y el ánimo. Comer variado, hidratarse y dormir bien son gestos sencillos que sostienen la energía. Pero más allá del cuidado físico, lo que mantiene viva la chispa es sentirse acompañado, útil y querido.

La conclusión es clara: vivir bien a los 70 no consiste en detener el reloj, sino en aprender a disfrutar de cada día con plenitud. El secreto está en el equilibrio entre salud, aprendizaje, relaciones sociales y, sobre todo, propósito. Porque la verdadera juventud no se mide en años, sino en el entusiasmo con el que seguimos caminando.

Hoy, una persona de 70 es un joven para las personas que llegan casi a los cien.