La contaminación del aire constituye uno de los mayores desafíos de salud pública del siglo XXI. Aunque muchas personas la asocian con grandes ciudades industriales, el humo procedente de incendios forestales, vehículos, fábricas, quemas agrícolas e incluso actividades domésticas puede afectar a millones de personas. Las partículas finas PM2.5 penetran profundamente en los pulmones e incluso pueden alcanzar el torrente sanguíneo, aumentando el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de siete millones de personas mueren prematuramente cada año por la contaminación del aire y que el 99 % de la población mundial respira aire que supera los niveles recomendados de calidad.

La exposición al humo puede causar irritación ocular, tos, dolor de garganta, dificultad para respirar, dolor de cabeza y fatiga. En personas con asma, EPOC o enfermedades cardíacas puede desencadenar crisis graves. Los niños, las mujeres embarazadas, los adultos mayores y quienes padecen enfermedades crónicas representan los grupos más vulnerables.

Las partículas suspendidas en el humo no solo afectan los pulmones. Diversos estudios han demostrado que incrementan el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares, arritmias y otras enfermedades cardiovasculares. También pueden afectar la salud mental al aumentar el estrés y la ansiedad durante episodios prolongados de mala calidad del aire.

Durante episodios de contaminación se recomienda consultar el Índice de Calidad del Aire (AQI), permanecer en interiores cuando sea posible, mantener puertas y ventanas cerradas, utilizar purificadores de aire con filtros HEPA si están disponibles y emplear mascarillas N95 cuando sea necesario salir al exterior. También es conveniente evitar actividades físicas intensas al aire libre.

Respirar aire limpio no es un lujo; es una necesidad para proteger la salud. Reducir las emisiones contaminantes y adoptar medidas preventivas durante los episodios de humo ayuda a proteger especialmente a las personas más vulnerables.

¿Cómo proteger a su familia?
• Revise diariamente el AQI.
• Evite el ejercicio al aire libre cuando la calidad del aire sea mala.
• Mantenga puertas y ventanas cerradas.
• Utilice filtros HEPA si dispone de ellos.
• Use mascarilla N95 durante episodios intensos de humo.
• Busque atención médica si presenta dificultad para respirar o dolor en el pecho.