Cada año, cientos de personas fallecen y miles requieren atención médica debido a la intoxicación por monóxido de carbono (CO), un gas que no puede verse, olerse ni percibirse por el ser humano. Su peligrosidad radica precisamente en que puede acumularse dentro de una vivienda sin que nadie note su presencia, hasta que aparecen los primeros síntomas o se activa una alarma.

Durante los meses de invierno, después de tormentas eléctricas o cuando se utilizan generadores portátiles por cortes de energía, el riesgo aumenta considerablemente. Sin embargo, este peligro puede presentarse en cualquier época del año si existen equipos de combustión defectuosos o con una ventilación inadecuada.

El monóxido de carbono se produce cuando combustibles como gasolina, gas natural, propano, queroseno, carbón o madera no se queman completamente por falta de oxígeno. Automóviles encendidos dentro de un garaje, plantas eléctricas portátiles, calentadores de agua, estufas de gas, hornos, calderas, chimeneas y parrillas de carbón son algunas de las fuentes más frecuentes de este gas.

Una vez inhalado, el monóxido de carbono entra rápidamente al torrente sanguíneo y se une a la hemoglobina con una afinidad aproximadamente entre 200 y 250 veces mayor que la del oxígeno. Como consecuencia, la sangre pierde gran parte de su capacidad para transportar oxígeno hacia el cerebro, el corazón y los demás órganos vitales. En pocos minutos puede comenzar una intoxicación potencialmente mortal.

Los primeros síntomas suelen confundirse con una gripe o un agotamiento físico. Dolor de cabeza, mareos, debilidad, náuseas, vómitos y somnolencia son las manifestaciones más frecuentes. Si la exposición continúa, pueden presentarse confusión, dificultad para caminar, alteraciones del comportamiento, pérdida del conocimiento, convulsiones e incluso la muerte.

Los grupos con mayor riesgo son los niños, los adultos mayores, las mujeres embarazadas, las personas con enfermedades cardíacas o pulmonares y quienes permanecen dormidos durante la exposición.

Un dato importante es que muchas intoxicaciones se sospechan cuando varias personas de una misma vivienda comienzan a presentar simultáneamente dolor de cabeza o mareos, especialmente si los síntomas mejoran al salir al aire libre y reaparecen al regresar al inmueble.

¿Qué hacer si se activa la alarma de monóxido de carbono?

  • Salga inmediatamente de la vivienda junto con todas las personas y las mascotas.
    • Diríjase a un lugar con aire fresco.
    • Llame al 911 o al cuerpo de bomberos.
    • No regrese al edificio hasta que las autoridades indiquen que es seguro hacerlo.
    • Si alguien presenta síntomas, solicite atención médica inmediata.

La prevención salva vidas

Instale detectores de monóxido de carbono en cada nivel de la vivienda y cerca de las habitaciones; pruebe las alarmas mensualmente; sustituya los detectores al finalizar su vida útil; realice mantenimiento anual a los equipos de combustión; nunca use generadores portátiles dentro de la vivienda o el garaje; no utilice cocinas de gas o parrillas para calefacción; nunca deje un vehículo encendido dentro del garaje y mantenga despejadas las chimeneas y conductos de ventilación.

Una inversión pequeña que puede salvar una familia

Los detectores de monóxido de carbono representan una de las inversiones más económicas y efectivas para proteger un hogar. El monóxido de carbono es invisible, silencioso y extremadamente peligroso, pero también es uno de los riesgos domésticos más fáciles de prevenir.

Recomendación de Salud al Día

Si su vivienda utiliza gas natural, propano, leña, carbón o cuenta con un garaje adosado, verifique hoy mismo que dispone de detectores de monóxido de carbono en funcionamiento.

Dedicar unos minutos a esta revisión puede proteger la vida de toda su familia.

Fuentes consultadas

CDC
CPSC
EPA
NFPA