Ensayo e imagenes destacadas: Luz Marina Palacios
Educadora, investigadora de las ciencias sociales y facilitadora de programas evidenciales de prevención

La prevención comienza mucho antes de que aparezca el consumo. Empieza en el hogar, en la confianza que se construye diariamente y en la capacidad de los padres para conversar con sus hijos sobre aquello que puede afectar su salud, sus emociones y sus proyectos de vida. Por esta razón, educar a las familias sobre la marihuana constituye una responsabilidad compartida entre padres, escuelas, profesionales de la salud y organizaciones comunitarias.

Como educadora, investigadora y facilitadora de programas preventivos en el Center of Prevention Services, considero que informar a los padres no significa llenarlos de temor, sino proporcionarles conocimientos y herramientas para orientar a sus hijos con seguridad, afecto y firmeza. Una familia informada está en mejores condiciones para reconocer los riesgos, establecer límites y actuar oportunamente.

Informar sin alarmar

En los Estados Unidos, la legalización de la marihuana para determinados usos ha contribuido a que algunas personas la consideren inofensiva. Sin embargo, que una sustancia sea legal para los adultos no significa que sea segura para niños y adolescentes. Las leyes pueden cambiar, pero el proceso de desarrollo del cerebro permanece.

El cerebro continúa desarrollándose aproximadamente hasta los 25 años. Durante la adolescencia todavía maduran capacidades relacionadas con la memoria, la atención, el aprendizaje, el juicio, el control de los impulsos y la toma de decisiones. El consumo de marihuana durante esta etapa puede interferir en esas funciones, especialmente cuando comienza a edades tempranas, se vuelve frecuente o involucra productos con altas concentraciones de tetrahidrocannabinol o THC (Centers for Disease Control and Prevention [CDC], 2024a; National Institute on Drug Abuse [NIDA], 2024).

La marihuana actual también se presenta de formas diferentes. Además de fumarse, puede encontrarse en vapeadores, aceites, concentrados, bebidas, chocolates y gomitas. Los comestibles representan un riesgo particular porque su efecto puede tardar en aparecer, lo que puede llevar a consumir una cantidad mayor. Asimismo, pueden confundirse con dulces y quedar accidentalmente al alcance de los niños.

Entre sus posibles efectos adversos se encuentran las dificultades para concentrarse, recordar información y resolver problemas, así como alteraciones de la coordinación, el juicio y el tiempo de reacción. También puede relacionarse con ansiedad, pánico, paranoia y episodios de psicosis, particularmente cuando el consumo comienza temprano o se hace frecuente (CDC, 2024b).

 

Otro aspecto que los padres deben conocer es la posibilidad de desarrollar un trastorno por consumo de cannabis. Aproximadamente tres de cada diez personas que consumen marihuana pueden presentarlo. Algunas señales son el deseo intenso de consumir, la dificultad para dejarlo, el abandono de actividades importantes y la continuidad del consumo a pesar de sus consecuencias (CDC, 2024a). Esta situación no debe interpretarse como una falta de voluntad, sino como una condición que requiere evaluación, acompañamiento y atención profesional.

La familia como espacio de protección

Educar para prevenir no consiste solamente en describir daños. También implica fortalecer los factores protectores presentes en la familia: comunicación afectiva, normas claras, supervisión responsable, sentido de pertenencia, manejo del estrés y acompañamiento de los proyectos personales de los hijos.

Los padres deben conversar sobre la marihuana antes de sospechar que existe consumo. La campaña Talk. They Hear You destaca la importancia de iniciar y mantener conversaciones familiares sobre el alcohol y otras drogas (Substance Abuse and Mental Health Services Administration [SAMHSA], 2024).

Estas conversaciones pueden comenzar con preguntas sencillas: “¿Qué has escuchado sobre la marihuana?”, “¿Qué piensan tus amigos?” o “¿Qué harías si alguien te la ofreciera?”. Preguntar permite conocer lo que el adolescente sabe, corregir información equivocada y prepararlo para responder ante la presión de sus compañeros.

La escucha es fundamental. Los sermones, las amenazas y las expresiones humillantes suelen cerrar la comunicación. Es preferible decir: “Te quiero y me preocupa lo que estoy observando” o “Necesitamos hablar y buscar juntos una solución”. Escuchar no significa aprobar el consumo ni renunciar a la autoridad. Los padres pueden mantener límites firmes y, al mismo tiempo, cuidar la relación.

Si un hijo reconoce que ha consumido marihuana, la primera respuesta familiar puede determinar si continuará hablando o se refugiará en el silencio. Conviene mantener la calma, agradecer su sinceridad y preguntar con respeto sobre la frecuencia, la forma de consumo y las razones que lo llevaron a hacerlo. Cuando el consumo afecta la vida escolar, familiar o emocional, se recomienda solicitar orientación profesional. Pedir ayuda temprana no representa un fracaso como padre o madre; constituye un acto responsable de cuidado.

Conclusión

La educación preventiva debe alejarse del miedo, el castigo y la estigmatización. Su propósito es formar familias capaces de comprender los riesgos, fortalecer la confianza y tomar decisiones informadas. La prevención no ocurre en una sola charla; se construye mediante pequeñas conversaciones que acompañan el crecimiento.

Educar, escuchar y acompañar son acciones sencillas, pero profundamente protectoras. La meta no es ser una familia perfecta, sino mantener abierta la puerta de la confianza para que nuestros hijos sepan que, frente a la presión, la duda o el consumo, encontrarán orientación, límites y una mano dispuesta a ayudarlos.

Referencias

Centers for Disease Control and Prevention. (2024a, February 15). Cannabis and teens. https://www.cdc.gov/cannabis/health-effects/cannabis-and-teens.html

Centers for Disease Control and Prevention. (2024b, February 15). Cannabis and mental health. https://www.cdc.gov/cannabis/health-effects/mental-health.html

National Institute on Drug Abuse. (2024, September 24). Cannabis (marijuana). National Institutes of Health. https://nida.nih.gov/research-topics/cannabis-marijuana

Substance Abuse and Mental Health Services Administration. (2024, November 6). Parent resources: “Talk. They Hear You.” https://www.samhsa.gov/substance-use/prevention/talk-they-hear-you/parent-resources