En la vida diaria de millones de pacientes surge una pregunta recurrente: ¿es lo mismo tomar un medicamento genérico que uno de marca reconocida?
La duda no es menor, especialmente cuando el precio entre uno y otro puede ser considerablemente distinto. Sin embargo, desde el punto de vista científico y regulatorio, la respuesta es clara y está respaldada por décadas de evidencia.
Un medicamento genérico es aquel que contiene el mismo principio activo que el medicamento de marca original, en la misma dosis, con la misma vía de administración y destinado al mismo uso terapéutico. Para ser aprobado, debe demostrar bioequivalencia, es decir, que el fármaco se absorbe y actúa en el organismo de manera equivalente al medicamento de referencia. Esta exigencia es evaluada por organismos reguladores estrictos como la Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos e incluso por la European Medicines Agency (EMA) en Europa.
La bioequivalencia implica que la cantidad de medicamento que llega al torrente sanguíneo y la velocidad con la que lo hace se mantienen dentro de márgenes muy estrechos aceptados por la farmacología clínica. Estas diferencias, cuando existen, no tienen impacto clínico significativo, lo que garantiza que el efecto terapéutico sea el mismo.
Las principales diferencias entre un medicamento genérico y uno de marca no están relacionadas con su eficacia ni con su seguridad. Lo que puede variar es el nombre comercial, el laboratorio fabricante, el color, la forma o algunos componentes inactivos conocidos como excipientes. Estos excipientes sirven para dar estabilidad, forma o sabor al medicamento y, en la gran mayoría de los casos, no afectan el resultado clínico. Solo en situaciones poco frecuentes, como personas con alergias específicas, pueden generar diferencias perceptibles.
El mayor contraste entre ambos tipos de medicamentos es el precio. Los fármacos de marca suelen ser más costosos porque el laboratorio original asume los gastos de investigación, desarrollo, ensayos clínicos y protección por patente. Una vez que la patente expira, otros fabricantes pueden producir el mismo medicamento sin asumir esos costos iniciales, lo que se traduce en precios más accesibles para los pacientes y los sistemas de salud.
La evidencia científica es contundente. Estudios publicados en revistas médicas de alto impacto, como The New England Journal of Medicine y JAMA, han demostrado que los medicamentos genéricos ofrecen los mismos resultados clínicos que los de marca en enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos psiquiátricos y muchas otras condiciones.
La FDA, de manera reiterada, ha afirmado que los genéricos aprobados son tan seguros y eficaces como sus equivalentes de marca.
Existen, no obstante, situaciones especiales en las que se recomienda mayor seguimiento. Algunos medicamentos de índice terapéutico estrecho —como ciertos anticonvulsivos, anticoagulantes o tratamientos hormonales— requieren una concentración muy precisa en el organismo. En estos casos, más que evitar el genérico, se aconseja mantener la consistencia en el fabricante para evitar variaciones mínimas entre presentaciones.
En conclusión, la ciencia y la regulación coinciden: los medicamentos genéricos no son inferiores ni de menor calidad. Son opciones seguras, eficaces y confiables que permiten ampliar el acceso a tratamientos sin comprometer la salud.
Elegir un medicamento de marca o uno genérico no debería ser una cuestión de desconfianza, sino una decisión informada basada en evidencia. En la mayoría de los casos, pagar más no significa obtener un mejor resultado terapéutico, y los genéricos representan una herramienta clave para una medicina más accesible y sostenible.

