Durante muchos años se creyó que la demencia era una consecuencia casi inevitable del envejecimiento. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado nuevas directrices que representan uno de los avances más importantes en la prevención de las enfermedades neurodegenerativas. Su mensaje es claro: hasta el 45 % del riesgo de desarrollar demencia podría prevenirse o retrasarse actuando sobre factores modificables a lo largo de la vida.
La demencia no es una enfermedad única, sino un conjunto de trastornos que deterioran progresivamente la memoria, el pensamiento, el lenguaje, la capacidad para resolver problemas y la autonomía personal. La enfermedad de Alzheimer representa la mayoría de los casos, aunque existen otras formas de demencia.
Actualmente, millones de personas viven con demencia en el mundo y, debido al envejecimiento de la población, el número continuará aumentando durante las próximas décadas. La prevención, por tanto, se ha convertido en una prioridad de salud pública.
Uno de los aspectos más importantes de las nuevas recomendaciones es que el daño cerebral puede comenzar décadas antes de que aparezcan los primeros síntomas. Por ello, proteger el cerebro debe iniciarse desde la juventud mediante hábitos saludables.
Entre los principales factores de riesgo modificables identificados por la OMS se encuentran la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo, el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol, la pérdida auditiva no tratada, la depresión, el aislamiento social, la contaminación del aire y una alimentación poco saludable.
La hipertensión ocupa un lugar central porque daña lentamente los pequeños vasos sanguíneos del cerebro. Controlar la presión arterial ayuda a proteger tanto el corazón como la memoria.
La actividad física regular mejora la circulación cerebral, favorece nuevas conexiones neuronales y contribuye al control del peso, la presión arterial y la diabetes. Caminar, nadar, bailar o montar bicicleta son excelentes opciones.
La alimentación también desempeña un papel importante. Se recomienda un patrón alimentario rico en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado, aceite de oliva y frutos secos, limitando los alimentos ultraprocesados, el exceso de sal y las bebidas azucaradas.
La OMS también destaca la importancia de tratar oportunamente la pérdida de audición, mantener una vida social activa, estimular continuamente el cerebro mediante el aprendizaje y procurar un sueño de buena calidad.
Aunque la genética puede influir en algunos casos, no determina por sí sola el desarrollo de la enfermedad. Los hábitos saludables continúan siendo fundamentales incluso en personas con antecedentes familiares.
En conclusión, las nuevas directrices de la OMS cambian la forma de entender la demencia. La prevención comienza mucho antes de los primeros olvidos y depende, en gran medida, de decisiones cotidianas relacionadas con el estilo de vida. Cuidar el corazón, controlar las enfermedades crónicas, mantenerse activo física y mentalmente y conservar una vida social saludable son algunas de las mejores inversiones para proteger el cerebro.
Recomendaciones prácticas
- Controle su presión arterial y colesterol.
- Mantenga la diabetes bien controlada.
- Realice actividad física con regularidad.
- Siga una alimentación saludable.
- Evite fumar y limite el consumo de alcohol.
- Proteja su audición y consulte si nota pérdida auditiva.
- Mantenga una vida social activa.
- Aprenda cosas nuevas y ejercite la mente.
- Duerma entre 7 y 9 horas cada noche.
- Consulte a un profesional ante cambios persistentes en la memoria.
Fuentes
- Organización Mundial de la Salud (OMS): Directrices sobre reducción del riesgo de demencia.
• National Institute on Aging (NIH).
• Alzheimer’s Association.

