Muchas personas observan que, con el paso del tiempo, las uñas de los pies —especialmente las de los dedos gordos— comienzan a curvarse hacia abajo por ambos lados. En algunos casos, la curvatura llega a ser tan pronunciada que los bordes parecen introducirse en la piel y comprimir el dedo.

Aunque popularmente puede describirse como una uña “encajada” o confundirse con una uña encarnada, existe una alteración específica conocida médicamente como uña en pinza (pincer nail deformity).

¿Qué es una uña en pinza?

La característica fundamental es una curvatura transversal excesiva de la uña. A medida que esta crece hacia adelante, sus dos bordes laterales se curvan progresivamente hacia abajo, acercándose entre sí y comprimiendo la piel y el lecho ungueal.

En los casos pronunciados, vista desde la punta del dedo, la uña puede adquirir una forma parecida a una U muy cerrada o incluso a un pequeño tubo.

La literatura médica señala que afecta principalmente al dedo gordo del pie y que puede provocar dolor, inflamación, dificultad para caminar o molestias al utilizar determinados zapatos.

No es exactamente lo mismo que una uña encarnada

Esta diferencia es importante. En una uña encarnada, la forma general de la uña puede ser normal, pero uno de sus bordes penetra en la piel que la rodea y provoca inflamación.

En la uña en pinza, por el contrario, existe una deformación progresiva de la propia uña: aumenta su curvatura de un lado al otro y sus bordes descienden hacia la piel. Ambos problemas pueden producir dolor e inflamación y, por eso, pueden confundirse.

¿Por qué ocurre?

La ciencia todavía no ha identificado una única causa.

Existen casos hereditarios y otros adquiridos a lo largo de la vida. Entre los factores que han sido relacionados con la deformación se encuentran zapatos que ejercen presión sobre los dedos, traumatismos repetitivos, infecciones por hongos, osteoartritis, determinadas alteraciones anatómicas y algunos medicamentos.

Las investigaciones también prestan atención a las fuerzas mecánicas que actúan sobre la uña. La uña no es una estructura completamente pasiva. Existe un equilibrio entre su tendencia natural a curvarse y las fuerzas que recibe desde el dedo durante actividades como caminar. Cuando ese equilibrio se altera, podría favorecerse una curvatura excesiva.

Por ello, no debería asumirse automáticamente que una uña en pinza es consecuencia de haber cortado mal las uñas.

¿Es un problema especialmente de las mujeres?

Puede observarse en mujeres y hombres. La evidencia disponible no permite afirmar que ser mujer sea, por sí mismo, la causa de la deformidad.

Sin embargo, determinados tipos de calzado que ejercen presión continua sobre los dedos podrían contribuir al problema en personas predispuestas. Por tanto, más que considerarlo un problema femenino, debe analizarse individualmente la forma de la uña, el calzado, posibles traumatismos, infecciones y otros factores.

¿Qué debe hacerse?

Cuando la curvatura es leve y no existe dolor, lo primero es evitar situaciones que aumenten la presión sobre la uña. Conviene utilizar zapatos con suficiente espacio para los dedos y evitar manipular agresivamente los laterales de la uña.

Si la curvatura continúa aumentando, aparece dolor o la uña comienza a introducirse profundamente en la piel, es recomendable acudir a un podólogo o dermatólogo.

El especialista debe determinar primero si realmente se trata de una uña en pinza o de otro problema, como una uña encarnada, una infección por hongos o una alteración diferente de la uña.

¿Se puede corregir sin cirugía?

En determinados casos, sí.

La literatura médica describe tratamientos conservadores dirigidos a disminuir progresivamente la curvatura. Entre ellos se encuentran el adelgazamiento controlado de la uña y diferentes sistemas de ortesis ungueales o correctores que ejercen fuerzas sobre la uña para modificar gradualmente su curvatura.

Algunos sistemas utilizan principios semejantes a los de la ortodoncia: un pequeño dispositivo colocado sobre la uña ejerce una fuerza controlada para intentar levantar progresivamente sus bordes.

Sin embargo, estos tratamientos pueden requerir tiempo y seguimiento, y existe posibilidad de recurrencia. Actualmente no existe un único tratamiento considerado estándar para todos los pacientes. Por eso no es recomendable comprar un corrector y colocarlo sin haber determinado previamente qué tipo de deformación existe.

¿Cuándo puede ser necesaria una intervención?

Cuando la deformación es pronunciada, produce dolor persistente, ulceración, inflamaciones repetidas o no responde al tratamiento conservador, pueden considerarse procedimientos quirúrgicos.

Las técnicas actuales buscan, cuando es posible, corregir la curvatura preservando la estructura y apariencia de la uña, en lugar de limitarse simplemente a retirarla. Existen procedimientos sobre el lecho ungueal y la matriz que pueden reducir la curvatura excesiva.

La elección depende de la gravedad, anatomía del dedo, circulación sanguínea y condiciones particulares de cada paciente.

Lo que no conviene hacer

Una persona con una uña muy curvada no debería intentar resolver el problema introduciendo instrumentos debajo de ella, arrancando los laterales o cortando profundamente las esquinas.

Estas maniobras pueden lesionar la piel, favorecer que el borde penetre en los tejidos y aumentar el riesgo de inflamación o infección.

Tampoco debe asumirse que una uña gruesa o deformada es simplemente consecuencia de hongos. Las enfermedades de las uñas pueden parecerse entre sí y requieren un diagnóstico adecuado.

¿Cuándo consultar rápidamente?

Debe buscarse atención profesional si aparecen dolor intenso, enrojecimiento creciente, hinchazón, pus, sangrado, ulceración o dificultad para caminar.

La precaución debe ser todavía mayor en personas con diabetes, problemas circulatorios o alteraciones de las defensas, ya que una pequeña lesión en el pie puede tener mayores consecuencias.

Una deformación que tiene tratamiento

La uña en pinza no debe considerarse solamente un problema estético. Una curvatura excesiva puede llegar a comprimir los tejidos, producir dolor y dificultar actividades tan cotidianas como caminar o utilizar zapatos.

La buena noticia es que existen alternativas. En casos leves pueden utilizarse tratamientos conservadores para intentar modificar progresivamente la curvatura. Cuando la deformación es severa o recurrente, existen procedimientos especializados para corregirla.

Lo importante es identificar correctamente qué está ocurriendo antes de intentar cortar o manipular la uña por cuenta propia.

Fuentes científicas consultadas

Huang C, Huang R, Yu M, Guo W. Pincer Nail Deformity: Clinical Characteristics, Causes, and Managements. BioMed Research International. 2020.

Nail Surgery: General Principles, Fundamental Techniques, and Practical Applications. Revisión médica disponible en PubMed Central.

Refining Nail Surgery: Clinical Pearls and Best Practices. Revisión de técnicas y conceptos actuales sobre cirugía y tratamiento de las uñas.

Lee JI y colaboradores. Anatomical Characteristics and Surgical Treatments of Pincer Nail Deformity. Archives of Plastic Surgery.

Este artículo tiene fines educativos y no sustituye la evaluación de un médico, dermatólogo o podólogo.